JESUS EUCARISTÍA
INTRODUCCIÓN.
Ya platicamos acerca de nuestra fe. Vimos que todos tenemos fe porque es un regalo que Dios nos hizo, porque nos ama. Vimos también que tenemos razones para creer en lo que creemos. Vimos que creemos en un Dios, y hoy hemos estado hablando de ese Dios en el que creemos. Hablamos de Jesús, la segunda persona de la Sma. Trinidad, no solo es Dios, sino también Hombre como nosotros, y no un Hombre de hace 2000 años, sino un hombre de hoy, joven como nosotros. Y vimos cómo sería un Jesús de 1997, en Mérida, Yuc. Ayer platicábamos también de que necesitamos un cambio, vimos que es necesario que nos convirtamos y ¿a qué nos vamos a convertir? Nos tenemos que convertir en "otros Cristos". Y cuando hablamos de la fe, vimos que es necesario que hagamos crecer nuestra fe para que no sea una fe de un niño de 5 años, sino una fe que vaya de acuerdo a nuestra edad y nuestra situación actual. Y que nuestra fe si no vivimos de acuerdo a ella, no sirve para nada, nuestra fe sin obras está muerta.
Con todo esto, podemos decir que tenemos hasta ahora 2 tareas o puntos en los que tenemos que trabajar:
Pues existe una respuesta para estas 2 tareas y esa respuesta es la Eucaristía. La palabra Eucaristía quiere decir Acción de Gracias. Llamamos también Eucaristía a la Misa.
¿QUÉ ES LA EUCARISTÍA?
La Eucaristía es Jesús real y personalmente presente en el pan y el vino que el Sacerdote consagra. Por la fe creemos que la presencia de Jesús en la Hostia y el vino no es sólo simbólica sino real, y esto se llama transubstanciación y es un misterio. Esta es una de las principales creencias que nos distinguen de los protestantes, ya que ellos creen que es solo un símbolo. Y ¿por qué lo creemos? Porque Jesús mismo lo dijo en la Ultima Cena, en un día como hoy:
"Mientras estaban comiendo, Jesús tomó pan y, después de pronunciar la bendición, lo partió y se los dio, diciendo: Tomen, esto es mi cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias, se las entregó y todos bebieron de ella. Y les dijo: Esto es mi sangre, sangre de la Alianza, que será derramada por todos."
Mc. 14,22-25
Y ese mismo día les dijo a sus apóstoles: "Hagan esto en memoria mía". A partir de entonces los sacerdotes repiten lo mismo que Jesús dijo y El se hace realmente presente en la Hostia en el momento de la consagración en la Misa.
Así como el cuerpo tiene que comer para poder vivir, el alimento de nuestro espíritu es la Eucaristía, y así como comemos 3 veces al día para estar sanos y fuertes, ¿qué tan frecuentemente alimentamos nuestra alma? ¿no será que nuestra pobre alma está raquítica y a punto de morir? Y un alma débil no puede tener fuerzas para convertirse ni para actuar. Esto tampoco es un invento de la Iglesia, sino que Jesús mismo lo dijo:
"Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne, para la vida del mundo.
Disputaban los judíos entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? Entonces Jesús les dijo: Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del Hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mí y yo en él..."
Jn 6, 48-66.
En tiempos de Moisés Dios libró al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. La víspera del día en que iban a abandonar el país, Dios les mandó sacrificar un cordero, comer de él y marcar las puertas de su casa con la sangre, para que cuando pasara el angel exterminador, al ver esta marca, no les hiciera nada y en cambio, hiriera de muerte a los egipcios.
Jesús en la misma noche de la Ultima Cena les dijo a sus apóstoles: "Esta copa es la Alianza Nueva sellada con mi sangre, que va a ser derramada por ustedes". Lc. 22, 20.
La primera alianza se selló entre Dios y el pueblo de Israel con la sangre de un cordero, y esta Nueva Alianza se sella entre Dios y nosotros con la sangre de Jesús, el "Cordero de Dios", que se sacrifica en la cruz para nuestra salvación.
La Eucaristía es un Sacramento, esto quiere decir que es un signo sensible instituido por Jesús para transmitirnos su gracia, su presencia viva. Como ya vimos, no es un invento de nadie, sino que Jesús lo instituyó, y es un signo sensible porque tiene pan y vino, que son cosas que vemos; nos transmite su gracia, que es El mismo, porque ya vimos que El está realmente presente ahí.
"Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. En esto conocerán que todos son mis discípulos, en que se amen los unos a los otros."
Jn. 13, 34-35
Por lo tanto, la Eucaristía y el amor a los demás tienen que ir siempre juntos. Jesús instituye la Eucaristía como prueba de su inmenso amor por nosotros y pide a los que vamos a participar en ella, que nos amemos como El nos amó. Y este es nuestro compromiso al celebrar la Eucaristía: que su celebración tiene que ser expresión de nuestro amor real a nuestros hermanos. El que comulga y sin embargo no ama a los de su alrededor, está falsificando el sacramento, es un hipócrita. Y amor no es solo decir "te quiero mucho", sino que el amor tiene que demostrarse con obras.
CONCLUSION.
Al principio hablamos de que tenemos que acrecentar nuestra fe y también convertirnos, para vivir de acuerdo a lo que creemos. Y dijimos que la solución a esto es la Eucaristía. Así como nadie se emborracha solo de repetir la palabra "Bacardi", así también nosotros nunca podremos convertirnos en "Otros Cristos" si no nos comemos a Jesús. Así como tenemos que tomarnos el Bacardí para emborracharnos, así también nosotros nos tenemos que comer a Jesús y llenarnos de El para poder transformarnos en El. Ya sabemos donde está. El mismo por amor a nosotros, porque sabía que solitos no íbamos a poder, quiso quedarse con nosotros, y qué mejor forma de quedarse que como alimento, para que nunca nos sintiéramos débiles ni solos. El está realmente presente en la Hostia consagrada y en el vino consagrado. Pero Jesús no se quedó en el pan y en el vino para estar en el sagrario. El quiso quedarse ahí para que pudiéramos ir a comerlo. Cuantas veces no hemos ido a Misa y nos hemos quedado sin comulgar. Eso es como ir a una fiesta y quedarse sin cenar, y lo que es peor, es como decirle al que nos invitó que no nos interesa la comida que preparó para nosotros, que no queremos comerla, que no está buena.
Todos los días hay una Hostia para tí en algún sagrario, esperando que vayas por ella, y esa Hostia es Jesús mismo, esperando solito por tí. No lo dejes esperando porque El se quedó ahí por amor a tí.